La clave para el santuario

La clave para el santuario es una cuestión secreta: la cuestión del secreto de la construcción, cuando lo evidente para unos es no evidente para otros. Igual que Troya, que para unos era manifestación física de un lugar concreto y para otros era sólo una idea de la refracción de la luz. Cada ciudad sagrada, templo o lugar tiene su ángulo de refracción en el que se conectan la idea de la muerte y la idea del renacimiento o incluso de la transformación. El ángulo se convierte en un símbolo, el símbolo en conocimiento y el conocimiento en doctrina.

El Ritual es la clave para el santuario. En un templo, lo fundamental es el santuario, puesto que es algo completo. El templo no representa algo completo; es un proceso de interacción con el ángulo. Cada templo está vivo y vive a través de su geometría en la que se encadena la forma. La vida del templo se determina por el grado y esto es como la edad.

En el templo debe haber materia prima para el Grial, la esencia cristalina, que mantiene el espacio del templo. Es un peculiar secreto de la tradición, relacionado con la construcción, en la que es importante el vínculo del templo que se construye con el espacio en el que están, por así decirlo, las sandalias de San Columba, que él dejaba frente a la entrada del templo. En realidad, dentro del templo debería realizarse el sacramento, el proceso de la fusión. Y si no es una epíclesis, entonces por lo menos debe ser algo por el estilo, relacionado con una determinada tensión que puede aceptar o expresar el espacio del templo.

El templo es el guardián del lugar donde no se destruye la energía, donde no hay muerte. Lo único que queda es comprender la herramienta de interacción con el templo, es decir el ritual. Pero aquí además debemos saber entrar y debemos saber dejar las sandalias en la entrada. El templo es un espacio donde se realiza la transformación. Es un determinado acto místico y en esto consiste, como mínimo, el secreto de la iniciación. El templo es un esquema, por lo que no tiene alternativa, y luego todo ya es cuestión de la calidad de la geometría del templo mismo.

El secreto de cualquier sistema también posee una fórmula y nuestra inmersión en el espacio del templo, depende de con qué esquemas trabajamos, más complejos o menos complejos. En general, se trata del esquema de nuestra consciencia: si está lista para conocer el secreto, o nuestras sandalias se quedarán en las definiciones místicas y esotéricas.

El templo debe primero quitar la cortina de nuestra mente, por eso estar en el templo sin comprender su simbolismo significa no estar listo para el Ritual o para el conocimiento, no sólo del mundo existente, sino que tampoco del implícito.

 

20 junio 2016

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