William Butler Yeats

William Butler Yeats (1865— 1939) es un notable alquimista irlandés, miembro de La Orden Hermética de la Aurora Dorada. La Orden trataba de reproducir las leyes y los conocimientos de la primera orden organizada, La Orden del Santo Sepulcro.

Siendo apasionado por las ideas herméticas, Yeats aspiró a reproducir la fuerza y el significado del sistema celta de existencia. Más que todo le interesaban los viajes astrales y la alquimia. Como su maestro, Wiliam consideraba al místico francés Louis Claude de Saint-Martin.

Por desgracia, la personalidad de William Butler Yeats (y su testimonio) quedan completamente inexplorados hasta hoy en día. Y no tomamos en cuenta el hecho de que fue galardonado con el Premio Nobel.

El más interés relacionado con la obra de Yeats, llama su poesía codificada en cuya forma trataba de transmitir y ritualizar su actitud hacia el espacio, codificándola con cifrado de Trithemius. Es decir, sus versos son una matemática discreta.

Yeats es una persona que se disolvió en el mundo físico debido a lo que en él quedó una insatisfacción. Tal vez, la razón fue el esquema en que se encajó. Le ejercieron influencia una gran cantidad de diferentes ocultas enseñanzas, magias y órdenes. Y más que todo, no se determinó completamente qué tendencia justo debería seguir. Probablemente le faltaron conocimientos alquímicos, dado que la Orden cuyo miembro fue, más se apoyaba en el desarrollo de la consciencia que en las transformaciones alquímicas. Y el hecho de que Yeats no llegó al estado de existencia extática es un indicador correcto de que la alquimia para él fue muy metafísica. La idea de la regeneración prevalecía a la idea del renacimiento. La conexión con las fuerzas secretas era más importante que la presencia de su propia fuerza. Es interesante que precisamente este hecho, Yeats mostró en su obra “Rosa alquímica” donde mostró perfectamente la filosofía de la alquimia y su parte distintiva de la alquimia práctica.

De hecho, Yeats cierra la era de Papus, un ocultista famoso del siglo XIX, en la medida que cualquier filosofía no vale nada en comparación con el componente práctico. Precisamente en esto consiste su grandeza, puesto que señaló el camino adonde uno debe dirigirse, demostrando que la conexión incluso con los súper-humanos más grandes, es insuficiente. Podemos hablar un sinfín de las diez Sefirot o vidas antiguas, pero no será nada en comparación con la capacidad de inhalar realmente el aroma del Árbol sagrado. Es decir, no se debe confundir la idea del perfeccionamiento espiritual con la idea de la transformación. Lo primero acumula; lo segundo transforma.

En realidad, posición similar hizo a Yeats irse de la Orden, dado que incluso el ritual, o sea la forma mágica de la Orden, fue alterada según su modo de ver. Esto, tal vez se debe al hecho de que el ritual dejó de ser práctica y se convirtió en una cierta parte ceremonial. Al mismo tiempo, Yeats continuó tomar participación en la construcción de los Templos (mejor dicho, el Templo de Amón-Ra en Edimburgo) y creó la Orden de la Aurora.

La construcción de templos es, de hecho, la quintaesencia del ritual. Es la creación de la geometría perfecta, donde se encarna la idea de lo sagrado.

Yeats creía que antes de empezar a buscar la verdad, uno debe llegar a ser celta, es decir prefecto. Sólo la persona perfecta puede lograr las leyes de la alquimia: recogimiento, mantenimiento, calentamiento, sublimación, transformación y reencarnación, o las seis fases de la alquimia. Muchos quedan en la primera etapa de la purificación del alma, sin la que es imposible realizarse el recogimiento. Y mientras que uno permanezca en esta etapa, el máximo que pueda hacer es filosofar sobre el tema de la alquimia, pero sin ser alquimista. Por eso, cuando Yeats muestra la importancia de convertirse en celta, habla de la necesidad de ser alquimista.

El celta es druida y sería incorrecto dividir estos dos conceptos. Si el celta no es druida, entonces tampoco es celta. Y luego Yeats indica el problema del sacramento. En realidad, conforme a su modo de tratar el sacramento uno actuará y no dejará de actuar. Por eso, para aprender a recoger, es necesario construir la forma, o el templo para que la energía pueda entrar en esta forma. Y esto significa ser celta.

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