Danza sagrada

No se necesita mucho para que nazca una danza: un sonido y una resonancia del cuerpo con este sonido. Esto puede ser el estruendo de los tambores africanos, podría ser la lluvia que cae sobre el pavimento, o puede ser incluso el latido del corazón. La naturaleza de cada ser humano tiene inherentes ritmos que plantean las cuestiones y movimientos, que dan las respuestas. Su convergencia se convierte en danza, en un diálogo entre el cuerpo y la música, un diálogo con nosotros mismos o con otra persona, un diálogo con Dios o con el Universo.

 

Bailar en busca de sí mismo

Independientemente del tipo de la danza, un remolino apasionado del flamenco o un bamboleo meditativo del reggae, ella tiene un solo sentido: establecer una conexión con el mundo espiritual del bailarín, lo que queda escondido a veces incluso para él mismo. Es un modo de recoger la propia fuerza y aprender a interactuar con ella. A lo largo de la danza, en el cuerpo aparece aquella energía que la persona necesita, que da una sensación de la vida, un movimiento sin parar y un desarrollo. Existen pueblos para los que el baile es un estado natural. La danza no comienza cuando se pone la grabadora, no depende del lugar, del tiempo, de la atmósfera. ¿Bailar en la parada del autobús? ¿Bailar cuando lavas los platos? ¿Bailar cuando estás esperando en una cola larga? Sí, por supuesto, si dentro de ti se produce la música. Sí, por supuesto, si la danza viene por dentro, por el corazón mismo. En realidad, esta es la condición principal para su mostración. El baile es una profundidad y si uno no lo experimenta dentro, entonces la danza se convierte solamente en unos movimientos externos sin contenido o sin expresión de los sentimientos. La transición hacia su mostración externa es el problema de la danza contemporánea, para la que la estética de los movimientos a menudo, es más importante que el llenado interno, la expresión de la naturaleza humana a través del cuerpo. Tal enfoque destruye el origen mismo de la danza, su fuerza. Está orientado a la comunicación no tanto consigo mismo, como con el mundo a nuestro alrededor, que convierte el bailador en su búsqueda, en una persona que demuestra, en vez de una persona que busaca Además de esto, cuando los movimientos están orientados hacia afuera, se pierde la consciencia interna, el control sobre la energía. Y esto es lo más importante que se pierde en las danzas contemporáneas. En las escuelas serias, no “dejan en paz” el bailador hasta que sienta el baile por dentro, hasta que se funda consigo mismo, escuchando a la vez los ritmos internos y externos. Incluso no lo dejan mirarse al espejo, hasta que logre sentir su cuerpo, no hay por qué mirarse por afuera, si dentro todavía sigue vacío. La danza pone en marcha en la persona, una búsqueda de sí misma, búsqueda de energía que llene el cuerpo, pero que poca gente es capaz de usarla (por eso parece que dentro está vacío).

El intermediario en esta búsqueda es el ritmo. Es una carretera, un camino, un ayudante. Debemos solo escuchar, escuchar, escuchar… Y el cuerpo empezará por sí mismo a bailar. Su danza puede tomar cualquier tipo de formas, ya sea el R’n’b gamberro y emocional, ya sea el vals majestuoso y sensual. El estilo es nada más que un plano visual, una forma de correlación del mundo interno y el mundo externo. Él depende de la región donde surge la danza, del ritmo en el que se ha formado y bajo el que se ha desarrollado su cultura.

El baile es un volumen que posee sus propias tareas y acciones. Uno puede simplemente permanecer y llenarse de alguna manera de la danza, o puede ir más adelante convirtiéndola en un proceso de conocimiento y transformación internos, es decir en alquimia. La percepción del baile también puede convertirse en una vivencia singular: incluso si observamos a una persona bailando, el ritmo en el que se mueve su cuerpo y sus propios movimientos crean y nos cierran en su espacio, donde transforman, se inspiran, se llenan de la fuerza y el sentimiento, de la energía y las emociones. La danza indica el presente, es una condición del presente. El baile crea el bailador, crea el espectador, crea el presente mismo aquí y ahora.

La creación del paganismo

Existe una religión en la que la oración principal es la danza. Nació junto con los dioses, puede que fuera creada para ellos. El baile es firmemente conectado con el culto a la fertilidad. Los rituales han conectado el ser humano con los ritmos celestes, con las fuerzas de la Tierra, con la Luna. De hecho, los primeros movimientos coordinados de cuerpos negros atezados bajo el ritmo de tambores de cuero, es un culto vinculado a los ciclos cósmicos.

Cada mostración de la fuerza de la naturaleza en las culturas politeístas, no sólo poseía unas determinadas características y la deidad correspondiente que la señala, sino que también suponía un establecimiento de relación con esta fuerza. En el proceso de este establecimiento, se escogían distintas formas de movimiento, se buscaban los ritmos exactos, fusionándolo todo en la danza. Las distintas tareas: conservación, adquisición, desarrollo, correspondían a sus ritmos y sus movimientos rituales.

Lo interesante es que en el monoteísmo, el baile no es tan importante. Se trata de que la danza no puede ser atada a un solo objeto, de lo contrario dejará de cumplir con sus funciones. Un objeto significa un sólo ritmo y un sólo orden de ciertos movimientos. ¿Es posible encontrarlo? Y, al contrario, las culturas antiguas: caldeos, sumerios, asirios, babilonios, egipcios, griegos, todas ellas tienen varias deidades y por lo tanto una gran diversidad de danzas.

El baile debe mantener las conexiones necesarias para una persona y oponerse a los impactos destructivos que vienen por afuera. Consideraban algo destructivo a cada cosa que alteraba el ritmo natural de comunicación con la naturaleza, relacionada con el desarrollo, el crecimiento y el marchitamiento de la energía. Este ritmo correspondía, ante todo, con los ciclos lunares. Con la Luna está conectada, sobre todo, la mujer. Ella es una casa peculiar de la Luna en la Tierra. La conexión de las actividades de la mujer con los ciclos lunares era tan fuerte, que todo se construía y obedecía a esta conexión. El estado interno de la mujer, igual que su actividad externa, se distingue conforme a los diferentes períodos del ciclo lunar. Y es normal, puesto que su ritmo se correlaciona con el proceso de ovulación. Permaneciendo en tres estados diferentes durante un ciclo lunar: el crecimiento, la maduración y el decrecimiento de la energía, la mujer era activa de diferente manera.

El Arte de la Unión, de la correlación de su propio ritmo con las fases de la Luna, permitía a la mujer iniciarse a lo sagrado. Se expresaba en el culto a Demetria (en los grecos), Isis (en los egipcios), Brigit (en los celtas). Las danzas rituales más importantes se realizaban precisamente por mujeres y han sido cuidadosamente ocultos de los ojos de los hombres. Todos los movimientos poseían un significado muy importante e implicaban una realización perfecta. Se trata de que a lo largo del mes lunar, la respiración de la mujer cambia tres veces y respectivamente también la saturación del cuerpo de energía. Por lo tanto, cualquier tipo de movimientos irreflexivo, realizados no en el ritmo correspondiente y con la concentración incorrecta, lleva a la alteración de la armonía real con la naturaleza que lleva a la pérdida de la Naturalidad y el Llenado.

La danza: el lenguaje y la fe de África antigua

La danza ha combinado en sí dos fuerzas. Una de ellas está dirigida al desarrollo y la otra de la conservación de la energía. La forma externa del baile es una fuerzo que controla, que debe permitir a uno desarrollarse y aumentar la fuerza interna.

Una de las primeras culturas que ha sentido y empezado a usar esto, fue la cultura politeísta Yoruba, probablemente el sistema práctico más antiguo. Dentro, la fe se determinaba no solo en un nivel invisible, abstracto, sino que obtuvo su propio lenguaje en el movimiento del cuerpo, en bailes frenéticos alrededor de las agramizas, en las palmas oscuras, tocando en, un trance, la piel de las tambores, en su ritmo sordo y en los cantos lánguidos de las voces fuertes y profundas.

Yoruba es un pueblo, compuesto de varios grupos étnicos. El lugar principal de su vida: Nigeria, Benín, está relacionado con la cultura antigua de Nok, que, a su vez, está relacionada con la cultura del antiguo Egipto. La cultura del pueblo Yoruba se considera como la cultura africana principal, conservando parte de los conocimientos secretos del antiguo Egipcio.

La cultura de Yoruba usa la forma Ile-Ife, es decir la condición de cierto espacio cerrado en el que se puede conservar y desarrollar la energía. Gracias a una determinada secuencia de movimientos, en la danza se puede establecer relación entre los distintos niveles de la energía y según el carácter de estos vínculos, ha surgido un determinado patrón de la danza.

Como consecuencia, la colonización de la cultura Yoruba se difundía por todo el mundo y los patrones de sus bailes se entrelazaron en las danzas de muchos pueblos más. Los bailes populares en la actualidad: mamba, rumba, conga, chancleta, son, salsa, samba y otras danzas afro-brasileños, afro-cubanos y afro-caribeños, conservan el mismo enfoque Ile-Ife en la búsqueda y la realización de los enlaces internos.

Ile-Ife es una ciudad en Nigeria, la patria ancestral de la cultura Yoruba. Se considera como un lugar de fuerza peculiar. Según una de las versiones, la ciudad Ile-Ife está relacionada con la civilización del antiguo Egipcio y dentro se guardan hasta hoy en día, conocimientos acerca de ella.

Según unas de las leyendas de Yoruba, Obatalá, el inicio que da el aliento de todos los seres vivos, enseñó a la gente a bailar. En la comprensión del pueblo de Yoruba, la danza no es simplemente un acto de conexión del ser humano con la fuerza divina, sino que es una acción consciente. Está dirigida no solo a la conexión con el Cielo, sino que además con su interior, a la generación, transformación y la multiplicación de las propias fuerzas. Este enfoque hacia el baile, está determinado por la comprensión del ritmo terrenal de este lugar en el que vive y se desarrolla la gente y la fuerza de la Tierra, que es tan importante para los pueblos africanos.

La danza de la inmortalidad

Además de los bailes de África, que sacan inspiración y fuerza de la Tierra misma, existe también una tendencia, relacionada con el Cielo, generada por la India. La tendencia “Celeste” está relacionada con la práctica del despertar de la energía vital, kundalini, que conecta lo mental, lo energético y lo físico. Ésta conexión es, de hecho, lo que gobierna la fuerza divina. Kundalini es la forma realizada de vínculos, que puede ser considerada como un tipo de energía, poder o formas. Tal enfoque hacia la danza está relacionado con el culto a Shiva-Natarandzha.

También existe una tendencia en la danza, en la que se trabaja en el nivel del “ser humano”. Aquí de peculiar importancia son los movimientos, su significado y aquello a lo que están dirigidos. Tal tipo de baile muy “humano” es más claramente mostrado en la cultura celta y en el culto a la deidad Brigit.

Estas tres tendencias, la cultura de Yoruba, la tradición de la India y la celta, son especialmente importantes para la comprensión de la esencia de la danza. ¿Por qué precisamente ellas? ¿Por qué no, digamos, la tradición rica egipcia? Es que en Egipto, la creencia en la vida de ultratumba ha predeterminado la comprensión peculiar de una persona de su posición en la Tierra, ha determinado límites temporales. La danza egipcia era un arte supremo, a veces ritual, pero no lleva la idea de conexión y conservación de la energía vital.

En las mismas culturas y religiones, donde ha existido el concepto de la inmortalidad y la reencarnación, la danza se consideraba como un mecanismo de creación, el desarrollo de la energía y el fortalecimiento del espíritu, que puede ser usado también en la próxima vida.

Poco a poco, el baile se ha convertido en una práctica consciente, modo de desarrollo y auto-perfeccionamiento. En la danza se mostraban más emociones, más sentimientos y más individualidad de cada bailador.

Tu danza es tu propia vivencia, estado, experiencia. La clave hacia ella, está en las leyes de la naturaleza, en la profundidad de tu cuerpo, en la capacidad de escuchar el ritmo y de entregarte a él, en el interno “yo”, que aspira a nuevos conocimientos acerca de ti mismo. Una vez aprendido a comunicarte contigo mismo a través del baile, puedes usarlos como un lenguaje de comunicación con el mundo a tu alrededor. Si bailas de tal manera que el espectador no tenga palabras, entonces esto significa que éste es el lenguaje mismo.

 

08 abril 2007

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