La Alquimia de Hawái

La Alquimia de Hawái es la encarnación de los misterios de la cultura norteña de la Polinesia. Además, en muchos aspectos, es su cumbre, puesto que en el territorio de las islas de Hawái están los volcanes montañosos más activos en todo el mundo. Al arrojar lava, no solo han formado las islas mismas, sino que también se ha convertido en la base de la cultura de fuego de Hawái.

El archipiélago de Hawái es una formación natural única que consta de una cadena de 24 islas y más de un centenar de atolones de diferentes tamaños. El archipiélago está situado en el norte de la Polinesia y es uno de los estados de los Estados Unidos. La isla está cubierta de cenizas, tan activos son los cráteres de los volcanes locales.

En la parte de sur del archipiélago, hay ocho grandes islas: Hawái, Maui, Molokai, Kauai, Niʻihau, Lanai, Kahoolawe y Oahu con la capital Honolulu. Cada isla es única con sus distintas actividades de los volcanes, las fuentes de agua-géiseres, las corrientes del aire. Una impresión específica, da la lava que ha formado el relieve de la localidad, la fauna y la naturaleza de las islas en general.

En la isla más grande situada en la parte más sureña de la isla de Hawái, están los cráteres más activos en todo el mundo, Kilauea (erupción, en hawaiano) y Moku'aweoweo, como también Mauna Kea con sus volcanes ya apagados pero que antes eran majestuosos. Cada uno de estos lugares en el archipiélago isleño, es como un santuario heiau (hawaiano) y esta deificación de los volcanes para los pueblos locales es una clave para la comprensión de la Alquimia de Hawái.

La Polinesia es un grupo grande de islas en el centro del Océano Pacifico. En suroeste del triángulo polinesio, está situada Nueva Zelanda, en sudoeste está la Isla de Pascua, en norte el archipiélago de Hawái. Los pueblos de la Polinesia han surgido a causa de la mezcla de los antiguos mongoloides del sur y los negro-australoides. Los grupos norteños de los polinesios incluyen las culturas parentescos de Tonga, Tahití, Samoa, Mangareva y Hawái.

Atolón es un arrecife de coral oceánica que por lo general tiene forma de anillo más o menos circular, dentro del que está situado un pequeño aljibe-laguna. El diámetro del atolón más grande alcanza 50 km. El área del atolón Lyusansen junto a la costa de Nueva Guinea, excede el área del Mar de Azov (320x140km).

La montaña Mauna Kea (la montaña blanca, en hawaiano), destaca con el hecho de que desde su pie hasta su cumbre está en la altura de 9740 m., siendo, de esta manera, la cumbre más alta en el mundo. Sin embargo, sobre la superficie del mar, su altura consta sólo de 4205 m.

Desgraciadamente, una gran parte de la Alquimia de Hawái quedó enterrada bajo la avalancha de información del mundo en la actualidad. Además de esto, los hawaianos nativos, los descendientes directos de los poseedores de conocimientos sagrados, son hoy en día no más de 1% de la población de la isla y 13% más son los mestizos. Sin embargo, en las historias y las leyendas que se transmiten de generación a generación, todavía podemos ver la imagen de la vida, el ser, la percepción y el modo de ver el mundo de los isleños.

La Alquimia de Hawái se construye sobre los conocimientos acerca de la fuerza destructiva y creadora del fuego. La conexión con ella se establece a través de la danza sagrada Hula. Este baile, a su vez, relaciona a la persona con todos los niveles de su existencia: fuerzas divinas y naturales, con todo el universo. Un reflejo evidente de esta conexión son los diseños simbólicos sobre las rocas volcánicas congeladas: los petroglifos. Se encuentran en el templo Heiau.

El fuego tiene un significado peculiar para todos los polinesios. Las islas de la Polinesia surgieron en resultado de la erupción de una gran cantidad de volcanes submarinos y terrestres. La lava y el fuego a veces se percibían por los hawaianos como un cataclismo, una fuerza destructiva, aniquilando todo a su alrededor. Los hawaianos relacionaban esta fuerza primordial Ai-laau (el Bosque Comensal, en hawaiano) con el cráter Kīlauea.

El conocimiento del mundo por los isleños y la historia de su creación estaban relacionados con las fuerzas vitales de la naturaleza: con el paso del tiempo, la fuerza destructor Ai-laau obtuvo en los ojos de los hawaianos unos rasgos constructivos y empezaron a asociarla con la diosa del fuego Pelé. Las distintas rocas volcánicas, creadas por la energía poderosa de Pelé, fueron llamadas con su nombre. Por ejemplo, las Lágrimas de Pelé llamaban a las gotas de lava que se quedaban en el aire conservando su forma natural. El principal lugar de aparición de Pelé llamaban Ke-ahu-a-laha, en el que también está situado un santuario.

Una fuerza del fuego más, la hermana de Pelé, es la diosa de los relámpagos Hi'iaka. La hermana es hija del dios Kāne-milo-hai y su madre es Haumea. Kane-milo-hai es el creador del Cielo y de todo el universo, mientras que Haumea, la madre del mundo, la diosa de la fertilidad. Juntos, Pelé y Hi´iaka, forman dos hipostasis del fuego: la fuerza de la creación y la fuerza de la destrucción. Pelé y su hermana Hi´iaka, dos actividades poderosas energéticas, capaces de transformar, desarrollar o destruir todo lo vivo. Por eso, el concepto básico de la Alquimia de Hawái, está expresado en la dualidad de la fuerza del fuego.

Según las leyendas tradicionales hawaianas, en los cráteres de los volcanes, los lugares donde vivían las hermanas-diosas, surgió el medio-humano, medio-dios Muay. Él está mencionado en las seis culturas polinesias: Maorí, Tonga, Tahití, Samoa, Mangareva y Hawái. Según una de las leyendas, el hombre ardiente Muay, nació en el cráter del volcán Haleakala. En la Alquimia de Hawái, este héroe toma la imagen de ser humano, convirtiéndose en perfecto.

La danza del fuego Hula

La danza Hula se originó en el momento cuando en la Tierra surgió todo lo vivo. Precisamente esto cuenta la leyenda hawaiana acerca de su origen. Hula es el protector de la vida de los seres humanos, los animales, las plantas, las flores, las aguas subterráneas y terrestres, los volcanes…, en general, protector del proceso mismo de la vida en las islas.

Hula es una narración, donde cada gesto de la palma, posición, movimiento de las caderas, giro de la cabeza, golpe con las piernas sobre el piso es un cuento expresivo. El bailador no simplemente imita, sino que se encarna en las plantas, en el océano, en la Tierra y en el Cielo, en el soplo del viento, en el ruido del oleaje o la ondulación de las algas. Él es capaz de adaptar sorprendentemente los rasgos característicos de animales u objetos y de esta manera se funde y resuena con las fuerzas de la naturaleza. Es una danza de la percepción natural de la existencia y para su uso es necesario no tanto el dominio de las técnicas de los movimientos, como una actitud completa, sensible y sincera hacia la vida misma.

Hula es la clave para el entendimiento de la Alquimia de Hawái, su nombre se traduce como “la apertura de la fuerza interna” o “encendimiento del fuego interno”. Igual que en cualquier tipo de danza ritual, de la persona que la realiza (al principio eran sólo hombres) se implicaba una habilidad de fundirse completamente con las fuerzas naturales o de los animales y además con la fuerza de la diosa de la danza y de las plantas silvestres Laka y alcanzar una “fusión energética”. La danza a menudo se realiza frente al altar de esta diosa divina que se considera protectora de las mujeres hawaianas. Con Laka está asociado también el culto hacia las fuerzas naturales y siendo una reflexión de estas fuerzas, ella está permanentemente en la danza, como si mostrando a la gente cómo debe vivir naturalmente y llenamente. Sólo los que llevan una vida verdadera, una vida abierta, tienen predestinado encontrarse con la preciosa Laka.

En tiempos pasados, en el territorio de las islas, estaba situado el tempo antiguo Halau Hula, dedicado a esta diosa. Se ha convertido en un centro de entrenamientos peculiar en el que, los alumnos iban dominando en detalle la Alquimia de Hawái. Durante todo el curso de la enseñanza, los bailadores no cortaban su pelo y sus uñas (se consideraba que esto permitía conservar los conocimientos adquiridos); ciertos tipos de comida estaban prohibidos; tampoco se permitían los contactos sexuales. La erótica de los bailes en las islas polinesias, al principio era relacionada con el propósito de vincular las fuerzas fértiles de la naturaleza, encarnándolas en movimientos.

Según la Alquimia de Hawái, gracias a la danza Hula, se puede conservar y multiplicar el destello de la mente, la flexibilidad y la fuerza del cuerpo. El patrón de los movimientos y las posiciones en la danza pueden variar, pero el esfuerzo se queda el mismo. El esfuerzo es el mismo altar de la diosa Laka en el templo Haual Hula.

Las antiguas leyendas narran que “el dominante de Hula”, domina el Arte de la vivificación de los muertos Kuppuku. Cuando un maestro verdadero realiza Haula, en los espectadores surge la sensación de que sobre ellos cae una lluvia caliente, refrescante después del sol ardiente. Del bailador sale tanta energía que como si a su lado estuviese la misma diosa. Hula es un estado en el que se realiza la transmisión directa de conocimientos, los que la amistosa Laka comparte con la gente. La danza está acompañada por cantos rituales.

O, Laka, me bendijeron a mí, el extraño.
Y a estas personas dentro de la Casa de Hula, a los profesores y a los alumnos.
O, Laka, bendice los mismos bailarines,
Cuando salen a la gente.

O, Laka, tú que vives en un bosque umbroso,
Te hacemos presente nuestro regalo para ti.
O, Laka, la madre de todas las cosas
Deja que la alegría siga siendo con nosotros.

Los pictogramas y petroglifos

Los hawaianos nativos usaban las rocas y las paredes de las cuevas para dibujar diferentes tipos de signos, fijando los acontecimientos necesarios. Pero sobre todo, para la grabación de estos signos, los petroglifos y los pictogramas, usaban la superficie de la lava aún no sólida, que consideraban como sagrada y la llamaban “pahoehoe”. La colocación más concentrada de pictogramas son los lugares del poder, donde se realizaba el contacto con la energía cósmica.

Los pictogramas hawaianos (na ki´ipohaku, en hawaiano) no son dibujos helados, muertos: los signos grabados ya desde los tiempos más remotos, siguen viviendo hasta hoy en día, interactuando con la fuerza formador local Pelé. En esto consiste una de las mostraciones de la inmortalidad, cuando la gente trata de “atar” su energía con un determinado lugar, cuando cincelan signos especialmente con este fin para que la energía pueda desarrollarse más allá, después de la muerte del cuerpo físico.

Los petroglifos (del gr. petra, roca, y un der. -glifos, del verbo que significa cincelar, grabar) son unas pinturas primitivas rupestres y convertidas posteriormente en imágenes, por ejemplo, en rocas-megalitos situadas especialmente en algunos lugares. Son tanto una obra de arte independiente, como un elemento vinculador con el lugar en el que están grabados. Los petroglifos más antiguos pertenecen al período del Paleolítico tardío 10 000 – 12 000 años a. C. Aproximadamente 7000 – 9000 años atrás empezaron a aparecer otros sistemas de escritura, como por ejemplo los pictogramas y los ideogramas. Los petroglifos eran extendidos en una gran cantidad de grupos sociales que los usaban hasta el siglo doce. Los podemos encontrar por todas las partes del mundo, excepto en Antárctica. Los vemos más a menudo en África, Escandinavia, Siberia, suroeste de América del Norte y Australia.

El pictograma (del lat. pictus, pintado) es un dibujo usado como símbolo. Normalmente, el pictograma corresponde con un cierto objeto y se usa para la transmisión de información, subrayando sus rasgos típicos.

El ideograma (del gr. idea, y – grama, escrito), es un signo escrito, imagen convencional o dibujo que no corresponde con un sonido del habla, sino que con una palabra entera o concepto.

Los petroglifos son unas ciertas fórmulas y aunque parezcan unos dibujos simples, descifrar su significado parece casi imposible. Existe una versión acerca del origen extraterrestre del petroglifo que lo añade un significado adicional: en este caso, pueblos que entran en interacción con los petroglifos o los pictogramas, siendo unos guardines de conocimientos peculiares acerca de la conexión entre lo terrestre y lo celeste. Por ejemplo, en el estado americano Idaho, en la zona del río Snake, las leyendas cuentan de algunos seres que aparecieron en estos lugares ya 30 000 años atrás. Los petroglifos representan estos seres y su interacción con los habitantes de la ciudad antigua. Han encontrado unos petroglifos similares, también en Colorado, Arizona y California.

La aparición de los pictogramas en Hawái, remontan al siglo II d. C. A partir de este tiempo, podemos registrar el inicio de la historia del desarrollo de la pictografía alquímica hawaiana, los aspectos conceptuales ilustrativos que la dividen en tres niveles:

  • Pictogramas de acontecimientos, que representan la actividad de la gente;
  • Pictogramas del Tótem, que representan la fuerza de la Tierra;
  • Pictogramas del Cosmos, que representan ciertas fuerzas o la mostración divina.

Existe también un nivel aparte de pictografía: combinado, que reúne todos los niveles ya mencionados. Él fija los componentes energéticos: el Ser humano, el Cielo y la Tierra, en un determinado lugar en el que se graba el símbolo. Los pictogramas se grababan sobre la superficie horizontal y vertical, que según sus apariencias, se asociaba con los “Ejes” que conectan la Tierra con el Cielo.

Los pictogramas se han localizado en unos lugares específicos, que eran zonas energéticamente poderosas y servían en los propósitos rituales, santificando el lugar. En estos casos, los cincelaban los sacerdotes kahuna (sacerdote, chamán, maestro, en hawaiano), que servían de intermediarios de la energía cósmica, divina y tenían la responsabilidad de la grabación correcta de los petroglifos y los pictogramas sagrados. De esta manera, los pictogramas conectaban al ser humano con la fuerza del lugar que habitaba.

La figura representada por los pictogramas, a menudo mostraba el proceso de la unión con cierto poder. Y el lugar, fijado por signos, servía para la conservación y la acumulación de energía, relacionada con el sentido del petroglifo. En este caso, la energía del ser humano precisamente seguía existiendo fuera de su cuerpo físico.

Existe también una hipótesis sobre las funciones de los petroglifos hawaianos. Es posible que en la antigüedad la gente no poseyera la capacidad de mantener su atención sobre ciertos objetos, como hoy en día lo tenemos dado con el desarrollo de las partes del cerebro. Y para aquellas personas era más fácil pasar los esfuerzos concentrados en las rocas, para que ellas representasen “el movimiento de su consciencia” afuera. Por lo tanto, podemos suponer que el pictograma es una cierta mente que vive independientemente, que cumple con las funciones del cerebro humano.

Por ejemplo, según algunos signos típicos, podemos considerar el nivel energético del petroglifo.

 

El esfuerzo de la Persona Nadando.

Las acciones realizadas por los nativos de Hawái, tenían más importancia que la actividad vital, como por ejemplo la natación. La ficción de tal tipo de acciones en forma de un pictograma, comprueba la existencia de cierto significado sagrado en la distribución de los esfuerzos. Pero, surge la cuestión de por qué los nativos necesitaban hacer esto y en qué consiste el sentido de prestar atención en la vida cotidiana. La respuesta podemos buscar en el pictograma de la Persona Iridiscente.

Persona Iridiscente

La Persona Iridiscente es un pictograma que testimonia de la capacidad de unirse con las fuerzas naturales. A lo largo del tiempo de la unión, se produce un esfuerzo que permite fortalecer aún más la unión, o sea enriquecerse significativamente con energía.

Guerreros

En este pictograma están representados tres niveles de signos. En primer plano está mostrado un hombre con la forma de sus pechos que simboliza la conexión con la fuerza del Tótem de la tortuga. Luego, está representado cierto acto o transformación, es decir esfuerzo. Y de lejos vemos la fijación de la energía cósmica, divina. Éstas son las condiciones necesarias en las que es posible realizarse una transformación energética, es decir Alquimia. Para la realización de la Alquimia es de peculiar interés el proceso de transformación que simboliza el esfuerzo humano (la figura en el centro).

El Hombre Corriendo

El esfuerzo juega el papel de comunicación del ser humano no solo con las fuerzas externas, sino que también dentro de la comunidad humana, uno con el otro. Sin embargo, este esfuerzo gastado debe ser evaluado de alguna manera. En los pictogramas se nota claramente que la cultura hawaiana separaba, sobre todo, el esfuerzo externo, sin tratar de acumularlo de algún modo dentro del cuerpo y desarrollarlo. De esto testimonia la ausencia de mención acerca de la necesidad y métodos de conservación y mantenimiento de la energía, en los conocimientos que han llegado a nosotros.

La Danza Hula

Este signo, la “Danza Hula” expresa la interacción de un determinado esfuerzo en movimiento y confirma la importancia de conservar conocimientos acerca de ella.

Tortuga

Independientemente de si se trata de un Guerrero, Hombre Corriendo o Bailador, cada una de las figuras representa un proceso de comunicación del ser humano con fuerzas superiores, en los que se produce cierta vivencia. El proceso de la vivencia es justo este valor principal que determina la integridad de la vida. El ritmo, o los espíritus protectores, defienden a la gente de la destrucción de esta vivencia.

La expresión del ritmo básico, el protector principal de los nativos en Hawái, es Hanu, la tortuga marina verde, conocida como la diosa Kauila (la que ilumina, la que alumbra, en hawaiano). Ella es como un “guía” que alumbra el camino hacia las islas hawaianas. Según la leyenda, la tortuga mística sigue viviendo hasta hoy en día en su propia casa en la zona del golfo Punalu'u en las isla de Hawái. Ella puede adoptar la forma humana y comunicar con los seres humanos, mejor dicho, con los niños, lo que una vez más confirma el significado peculiar del ritmo natural, que es propio de cada niño. Y no es irrazonable creer que los nativos hawaianos han seguido principalmente un determinado ritmo sagrado, que formaba la calidad de su vida.

Las piedras animadas

En la mente de los hawaianos, las piedras tenían un origen divino, siendo una expresión de la fuerza del fuego: la piedra reflejaba el proceso de materialización y en la antigüedad se percibía como una realización de la fuerza divina de transformación. De ahí, por supuesto, se deduce que las piedras han sido animadas y se convirtieron en objetos de culto.

Probablemente, las piedras de este tipo, más famosas se identifican con las almas de dos hermanas que vivían en la isla de Kauai, la isla esmeralda del Archipiélago de Hawái con su naturaleza verde abundante y las costas de oro. Una noche, sus cuerpos energéticos volaban en Kukaniloko, pero empezó a amanecer y los primeros rayos del Sol las convirtieron en dos piedras. Así seguían estar acostadas cerca de Kukaniloko, hasta que a los principios de siglo XX, unas construcciones de caminos las pusieron a lado una de las piedras que obstaculizaba las construcciones. Sin embargo, por la noche, el gerente de la construcción George Galbraith, tuvo un sueño en el que la piedra no dejaba de repetir que la han colocado boca abajo y pidió que la volviera.

Al día siguiente, Galbraith reconoció la piedra que vio en su sueño y pidió a los obreros que la volvieran. Dos hawaianos viejos lo contaron la historia que aquella no es una simple piedra, sino que está llena del espíritu de la vida y la llaman Kaninilao-Kalani. De esta manera, ayudaron a las dos hermanas terminar su viaje, trasladándolas a Kukaniloko.

Estas piedras son el centro de peregrinación y con ellas están relacionadas diferentes transformaciones: desde la curación de enfermedades físicas, hasta la transmisión de conocimientos antiguos sagrados de Hawái. Hoy en día, están situadas en el cementerio en Vahiava cerca de Honolulu. Al trasladarlas, una de las piedras se arruinó, la pegaron muy cuidadosamente y por muy extraño que parezca, las dos piedras no perdieron sus poderes.

Kukaniloko es un lugar de poder, en el que, según la leyenda, vinieron al mundo los Miembros de la Familia Real. Esta “maternidad sagrada” peculiar, está rodeada de dos filas de piedras de origen volcánico, algunas puestas en forma de vasos, de dieciocho piedras en cada fila. En muchas de las piedras están cincelados petroglifos en la forma de cuerpo humano o círculo.

Como piedras más curiosas, deificadas por los hawaianos, se consideran la piedra Pohakuloa en la capital del archipiélago de Honolulu y la piedra Naha en la ciudad de Hilo en la Isla de Hawái. Un lugar peculiar en la cultura hawaiana, toma un grupo de cuatro piedras, puestas en la costa de Waikiki en Honolulu. Estas piedras: Kapaemahu, Kahaloa, Kupuni y Kilohi, guardan el poder de cuatro magos-kahuna tahitianos y están dotados de energía con la que pueden interactuar sólo otros magos y sacerdotes. Dos de las piedras representan la fuerza femenina y dos, la masculina.

Las piedras, que fueron objetos de culto, están envueltas con la planta sagrada Tiki que las alimentaba. Este ritual testimonia de unos de los conocimientos más misteriosos de la cultura polinesia: la captura del sonido. El sonido está personificado por el dios Lono, el hombre de la diosa Laka. Los vecinos, los maoríes lo llaman Rongo. Según la leyenda, fascinado de la danza Hula, bajó a la Tierra en un arco iris para casarse con Laka. El dios Lono representa la semilla de la vida, siendo una fuerza de concepción peculiar, que la persona expresa a través del sonido. Pero los conocimientos acerca de la obtención de la verdadera fuerza del sonido, se adquiere de la piedra. Con este mismo ritual, tiene relación el poder Kamapua'a, una criatura medio-humana, medio-jabalí. Está también asociada con el arte de la adquisición del sonido.

En la piedra están escondidos un sinfín de misterios de la vida y la muerte del ser humano, a los que trataban de descifrar los nativos de Hawái. Hasta cierto grado, esto se parece a los intentos de los alquimistas en la antigüedad de crear la Piedra Filosofal.

Si consideramos las Islas de Hawái como un territorio lleno de energía fogosa, entonces las mostraciones más fantásticas se perciben como reales: tanto el origen divino de los petroglifos, como la fuerza mágica de las piedras, como también la fuerza de la inmortalidad en la danza Hual. En este caso no debemos olvidar que Hawái, es una parte de la cultura polinesia que, aun siendo bastante íntegra, todavía existen un montón de distintas mostraciones (recordemos, por ejemplo, la gran cantidad de culturas singulares de Nueva Zelanda como maorí o la Isla de Pascua). Pero lo principal es que la cultura hawaiana vive, pulsa, respira y, sin tomar en consideración el hecho de muchos de los santuarios hoy en día están olvidados y abandonados, siguen manteniendo su espíritu y fuerza.

11 julio 2007

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