Vendedor

¡Vendedor! ¡Cuántas cosas nos dice esta palabra para la esencia del negocio y cuánto de su sentido ha perdido en la actualidad! ¡Y perdió lo principal – el producto! Se quedaron únicamente los mismos valores y la actitud que se representaron en el mercado oriental miles de años atrás: especias como reacción, aromas como sentimientos, decoraciones como joyas, frutas y verduras como comida.

Debido a que el negocio desde hace ya mucho tiempo está interesado únicamente en la venta del producto y no en su calidad, se perdió lo más importante: la interacción del vendedor con el producto. Y, de hecho, el vendedor llegó a ser especulador, convirtiéndose en parte del negocio especulativo. Como resultado, el producto perdió no sólo su calidad, sino que también su vitalidad.

Acerca del mercado como respuesta

Sí, se trata precisamente de esto, somos responsables de qué y para cuánto lo ofrecemos.

El vendedor es el maestro del ofrecimiento

La habilidad de ofrecer es elemento del arte de comunicación del vendedor con el producto. Y recién después del vendedor con el comprador potencial, donde el ofrecimiento mismo es el acto basado en la organización del lugar de la venta, el producto y el método usado de ofrecimiento. El vendedor no es mercachifle y no es especulador, es el Maestro del intercambio. De hecho, en la antigüedad las relaciones comerciales se determinaban por las funciones de intercambio, incuso cuando apareció el dinero, que originalmente llevó un sentido energéticamente comprensible. En la actualidad es un volumen enorme de energía, que sustituye no sólo a los principios de negociar, sino que también a los valores vitales en general.

El vendedor es la cara del país

Hablemos lo que hablemos, pensemos lo que pensemos para el vendedor, pero éste representa la naturaleza del intercambio que puede ser primitiva y simplificar no sólo el vendedor, sino que además el producto mismo. Hoy en día, cuando el vendedor permanece en la frontera de los límites económicos del comercio, su profesión no lleva ningún sentido para el negocio. Pero existen también límites energéticos que nadie puede eliminar e incluso engañar. Por lo tanto, cualquier acción del vendedor es la formación de su unión, egrégor, energético que puede llenar o privarle de algo no sólo al vendedor, sino que también al espacio, donde el vendedor es producto de algo más que simple falta de beneficios.

Falta de beneficios

Es un concepto complejo, pero al mismo tiempo decadente, dado que en la actualidad se considera en el formato superficial “hay/no hay”. La venta de cualquier producto es intercambio. Si uno ha colado algo a alguien, pues no tendrá beneficios de su acción. Y el dinero se le irá, como ha venido. Y no le quedará nada más que depender de la naturaleza del engaño, la naturaleza del colar. La forma especulativa de la venta está privada de futuro, dado que destruye la naturaleza humana. Altera el principio fundamental: no vendas algo que no entiendes, no vendas algo que hará daño al otro. Incluso si, por ejemplo, el vendedor se envenena a sí mismo con Coca-Cola, esto no le da el derecho de ofrecerla a otro, llevándose al formato del destructor, por no decir algo peor.

El vendedor es el guardián del espacio

El vendedor es la persona que lleva la responsabilidad del espacio donde ofrece el producto. La incomprensión y la incapacidad de sentir el espacio le priva de posición y, en consecuencia, no puede ser llamado vendedor. El vendedor está fuera del tiempo, éste vive y representa el espacio. Puede negociar con el producto, pero no con el espacio. Es parte de su vida, parte de sí mismo. De lo contrario, ¡puede que no sea capaz de pasar incluso por especulador! El vendedor nunca se arroja al comprador, igual que el juez en el campo; no debe impedir al comprador entrar en interacción con el espacio. El espacio debe vender y el vendedor solo servir al espacio. Éste hace “acuerdo con el espacio” donde el espacio enfrenta los participantes en “vender-comprar” a través de la situación, las circunstancias.

Producto

El producto forma los principios de la negociación y el posicionamiento. El producto que no posee fuerza, priva también al vendedor de fuerza. Y si éste además aprende a engañar al comprador, entonces se desarrolla la mentira que destruye el cerebro de la persona que la usa. El vendedor nunca ofrecerá algo en que no cree, igual que el sumiller no debe vender vino falso y el barista no hacerse como que preparara café. El vendedor vive la vida del vendedor y la acepta como parte de la vida. Es decir, se trata del mercado en su predestinación natural que cumple con las funciones básicas de interacción con el producto.

Relaciones Monetario-Mercantiles

El vendedor cumple con tres funciones importantes: presentación del producto, soporte del producto y control del producto. Es decir, la actitud hacia el producto tiene igual importancia que su venta. Es importante que el comprador compre y no que el vendedor venda. Es decir, se alcanza la actitud máxima del comprador hacia el producto. La tarea del vendedor es, ante todo, educar al comprador.

Best seller

¿Qué es esto, en general? ¿La reflexión acerca de lo que supuestamente se compra o supuestamente se vende? O, ¿es la enseñanza del vendedor: “Ser mejor”? El comercio es magia, mística y vida real en el tiempo. Lo representa el dios Hermes y no el dios Forbes. Por lo tanto, con razón esperamos del vendedor presentación peculiar, en que la inteligencia, la elocuencia y la listeza, multiplican y mejoran todo que está bajo su dominio. Los beneficios no se miden por dinero, el dinero se mide por los beneficios.

Medida

El vendedor es el intermediario, entregador del producto y permanece constantemente en las leyes de la medida y lo números. Es su alfabeto y la fuente de ingreso principal. El que sabe usar la medida, podrá multiplicar, dado que está bajo el control de la medición. Por muy extraño que arezca, el vendedor no vende el producto, sino que organiza su venta. Por lo tanto, se perfecciona a sí mismo en la presentación y se perfecciona también el producto, puesto que el proceso de la venta llega a ser experiencia de la vida, como mínimo y concepción, como máximo. La medida permite al vendedor permanecer en perfeccionamiento constante. Y, lo principal es que permite perfeccionar a su gusto por la vida en todos sus sentidos.

Karma de la acción

El vendedor no debe tener en sí la función del engaño. Ésta no sólo le destruye, sino que también le hace responsable ante su familia, cultura y país. El vendedor defiende las reglas de las acciones, las reglas del negocio. Algo más, al representar producto, o compañía, asume la responsabilidad de sus palabras, de la acción/inacción, es decir de su reputación/imagen. Y no importa si el vendedor es empleado o propietario del negocio, nadie le quita la exigencia de representar calidad como ser humano.

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17 febrero 2015

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